ESTEREOTIPOS Y VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA JUSTICIA

En el siguiente ensayo se analizará a la violencia de género como un fenómeno que tiene raíces culturales, sociales y económicas. Éstas han sido identificadas con mayor medida por los movimientos feministas y por suerte, denunciadas. Sin embargo, aún hoy se observa la discriminación y estigmatización fundada en estereotipos de género en las diversas etapas de los procesos judiciales dentro del sistema penal, por distintos operadores jurídicos: jueces, fiscales, defensas; incluso por algunos sectores de la sociedad y replicadas por parte de los medios de comunicación.

A lo largo del presente ensayo, citaré casos internacionales y ocurridos en nuestro país y me referiré a normas internacionales y nacionales sobre la materia, a modo comparativo.

La violencia contra las mujeres es una preocupación a escala mundial, una epidemia podríamos decir, por la cantidad de denuncias sobre esta temática que se escuchan alrededor del mundo. Las estadísticas demuestran que una de cada tres mujeres vivió o vivirá algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Cuando las encuestas indican que una gran cantidad de mujeres declaran haber sufrido violencia de género por parte de sus parejas, es innegable que se trata de un problema a nivel estructural y no sectorial o que afecta a determinados sectores socioeconómicos, sino que atraviesa a la sociedad en su conjunto.

El derecho puede ser una herramienta de cambio social y un instrumento fundamental en la lucha de las mujeres por alcanzar una posición de igualdad dentro de una sociedad. Pero a la vez, este mismo derecho es un arma de doble filo dado que, críticamente, ha reproducido estereotipos de género que vulneran el derecho de las víctimas, mujeres en particular, a obtener una verdadera justicia. En consecuencia “la impunidad que muchas veces rodea estos casos es un problema de discriminación”.

Pensar a la violencia de género como un caso aislado o un asunto privado es desconocer una problemática de magnitud y perpetrar su continuación. Numerosos autores coinciden, la violencia sexista tiene su origen en la desigualdad histórica de poder entre hombres y mujeres, cuyo germen se sitúa en el plano político, económico y social. Es un problema cuasi universal y por ello se observa en diversas sociedades occidentales diametralmente opuestas en muchos aspectos, pero que lamentablemente coinciden en este punto. Entre ellas, Estados Unidos, el Reino Unido y a Argentina han incluido en sus agendas políticas estas cuestiones de género. Resta decir, que en el hemisferio oriental del mundo la situación de las mujeres y sus derechos se presenta mucho peor.

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Lourdes Rocío Bustos

Estudiante de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

*Las opiniones reflejadas en los escritos del Autor no representan necesariamente las de la Fundación Jóvenes por los Derechos Humanos, siendo aportadas de forma exclusivamente personal.