La vida a la ribera del Riachuelo

Todos los que vivimos en las grandes urbes, en cierto punto, estamos en contacto con la contaminación ambiental a diario. Pero en algunas zonas urbanas y semi urbanas, la exposición es mucho mayor y problemática. Y aún más dramática es la vivencia de la niñez en la ribera de uno de los lugares caracterizados entre los diez más contaminados del mundo, a pocos kilómetros de la capital porteña. Muchos de nosotros vivimos a diario a kms. De esta zona, que paradójicamente, y salvo determinados momentos en la década que ha pasado, ha aparecido con vehemencia en los principales titulares, para luego ser olvidado rápidamente.

¿A qué causas obedece la contaminación en el mundo?

Desde antaño, hasta los años ’60 del pasado siglo, predominó el paradigma antropocéntrico o dominial: el hombre es el centro de interés, ve a la naturaleza y a los recursos naturales como valiosos en tanto le sean útiles. Los recursos naturales son, para él, ilimitados, explotables y renovables indefinidamente. Es una concepción claramente económica y utilitarista. A partir de los años ’60, comienza a percibirse en el mundo la escasez de algunos recursos, las crisis ecológicas, el exceso de población y ciertos desastres naturales comienzan a acontecer. Los recursos ya no son percibidos tan ilimitados, sino que son limitados. A éste incipiente proceso de transición en cuanto a la visión de la relación del hombre con la naturaleza, se lo llama “crisis paradigmática”. Tiene lugar entonces, la irrupción del paradigma ecocéntrico o geocéntrico: la naturaleza no es del hombre, si no que el hombre forma parte de ella. Se trata, fortuitamente, de un paradigma más valorista y más ético, que tutela diversos bienes jurídicos: el ambiente, los recursos y por primera vez, se refiere a la idea de la preservación en función de las generacionses futuras. Estas ideas comienzan con los movimientos hippies principalmente en los Estados Unidos y replicándose alrededor del mundo. Una idea que cambia es el comienzo, y se traduce (o debiera) en acciones, normas y nuevos intereses.

El autor ecologista Colbi reconoce y contrasta varios paradigmas que se reconocen en distintas épocas, entre ellos, dos extremos: el de la economía de frontera, basado en la visión del progreso como crecimiento y prosperidad infinita del hombre, más cercano quizás al paradigma antropocéntrico; y el modelo de ecología profunda, que considera que los avances tecnológicos conducen a desastres naturales, más que al progreso, siendo su imperativo extremo la ecotopía, más relacionado con el paradigma ecocéntrico. Otros autores, Aledo y Dominguez refieren a este quiebre como un cambio de valores o ideas que predisponen a actuar (tal como lo concibe la psicología jurídica) con la aparición de valores postmateriales: los ecológicos o medioambientales. Estos se perciben más en los países desarrollados, en los cuales las políticas públicas han incluido en mayor medida el tópico ambiental. En Latinoamérica su inclusión en la legislación es relativamente novedosa.

Sin embargo, es sabido que los cambios socioculturales son lentos, décadas o siglos suceden hasta que se internalizan, en el sentido en que se hacen conscientes o se asimilan por un número significativo de personas. En particular, luego de esta introducción, me referiré a la Cuenca Matanza Riachuelo. Pocos años atrás, tuvo lugar el inicio de acciones sociales y gubernamentales que dan cuenta del reconocimiento la problemática ambiental.

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Lourdes Rocío Bustos

*Las opiniones reflejadas en los escritos del Autor no representan necesariamente las de la Fundación Jóvenes por los Derechos Humanos, siendo aportadas de forma exclusivamente personal.